Wednesday, October 25, 2006

Capítulo 2: La Primera Letra


Ya en la estación, el comisario Rincones dio instrucciones para que llevaran a la chica a su baño privado y le dieran ropa seca y limpia, algo raro en la policía de cualquier país latinoamericano, pero quería que se sintiera lo más cómoda posible, claro era un testigo clave de los sucesos de esa noche que ya terminaba. Le asignó a una agente femenina a que la acompañara con la excusa de ayudarla, dado el estado de shock evidente en que se encontraba, pero en realidad lo que quería era evitar que atentara contra su propia vida.

Se sentó en su despacho, encendió un cigarrillo y esperó… pensó en cómo en un país tan pacífico pudieran sucederse situaciones tan violentas… cerró los ojos, no para dormir, sino para pensar… pensó en la joven que estaba en el baño, sabía que era una de las organizadoras del movimiento, la había visto, pero no recordaba su nombre.

En el sanitario la chica se mantenía en silencio, con los ojos fijos hacia la nada… la mujer policía le limpiaba con un trapo húmedo la sangre que tenía por todo su cuerpo, le llamó mucho la atención una gran cicatriz en medio de sus senos, pero trató de mantenerse tranquila para no incomodar a la joven, orden directa del comisario. A los pocos minutos estaba completamente limpia, todo tranquilo… no era su sangre, no tenía ninguna herida de seriedad aparte de algunos moretones y rasguños. Le puso una bata que le quedaba un poco grande y la condujo a la oficina principal. Rincones la recibió amablemente, con él se encontraban algunos funcionarios del Ministerio Público, para hacer legal su declaración y el psicólogo de la comisaría, por si había que convencerla de que hablara con confianza... no fue necesario… apenas se sentó subió la mirada y le dijo al comisario:

- Me pueden dar un poco de café? Me muero de frío.

La mujer policía que antes la había ayudado a limpiarse se lo sirvió y luego de dos tragos dijo:

- Todo empezó con el accidente de la hija del gobernador.
- Pero eso fue hace más de un año- Interpeló en comisario, tratando de ocultar su sorpresa. – Qué tiene que ver con esto?
- Todo… simplemente todo.
- Cuál es tu nombre?

Un pequeño silencio…

- Alba, y soy la primera letra del abecedario

Tuesday, October 24, 2006

Capítulo 1: El Puente


Parada en la baranda del puente, haciendo equilibrio con el único soporte de su mano agarrada a la columna; mirando hacia abajo, hacia el agua, pensando... los reflejos de luz en el río parecen miles de flashes que le toman fotos a su temor. Planea saltar, efectivamente, ha sufrido lo suficiente en su corta vida como para saber que no quiere seguir aqui, solamente quiere esperar el momento exacto, su momento.

Una gota de lluvia cae sobre su cuerpo, luego otra, luego miles mas... se pierde el orden en el caos de las aguas y sus luces... la lluvia recorre toda la humanidad de la joven revelando su figura debajo de la ropa interior, que era lo único que la cubría. La sangre que permanecía en sus manos y rostro se mezclaban con el agua que caía, manchando de rojo sus extremidades en hilos escarlata.

De repente las luces del agua tomaron otros matices e iluminaban con diferentes patrones, tonos azules y rojos invadían el ambiente. La joven estaba metida en su propio mundo y casi no escuchaba las voces que le gritaban que no saltara. La policía hacía rato que había llegado a la escena, y llevando el protocolo ante situaciones como ésta, no se había acercado a la chica abruptamente sino que el mediador perfectamente entrenado para la situación, le hablaba para tranquilizarla, sin saber que ella ni siquiera se había dado cuenta de su presencia.

La joven poco a poco fue entrando en conciencia, y las voces de los policias se hacían más y más claras... cuando por fin volteó el rostro, los agentes estaban practicamente sobre ella, no tuvo intención de saltar ni nada por el estilo, pero igualmente uno de los policias se apresuró y la tomó por el cuerpo y llevándola a un punto seguro... ella ni pestañeó... la orden era conducirla sana y salva a la comisaría, allí la interrogarían... claro, era la única sobreviviente conocida de los organizadores de la marcha estudiantil de la noche anterior, que terminó en la matanza más grande de jóvenes que se tenía conciencia en el país.